viernes, 24 de mayo de 2013

Operandus en Fuego

Caminaba con mi familia buscando el lugar donde encontraríamos al sujeto. Me había escrito un mail con la dirección y días antes me había entrevistado con una ex asistente de él. Las pruebas de mi inocencia las tenía yo pero el problema aún no estaba resuelto. Si no quería pasar vinculado a aquel grupo e ir a la cárcel debía hacer algo. Encontramos el lugar, una casa blanca enorme conseguida seguramente a costa de personas inocentes, como yo lo era antes de conocer que el mundo estaba lleno de despiadados y de desear que las novelas de ficción se hubiesen quedado en meras imaginaciones. La casa estaba totalmente resguardada con una enorme pared de gruesas verjas y una puerta eléctrica que seguramente no abrirían si supieses quién era yo.

Mi hermano un teniente de policía que al fin había sacado tiempo para auxiliarme, caminaba a lado mío mientras nos acercamos a la puerta, al mismo tiempo observábamos que dos sujetos de los cuales uno era enorme y obeso, iban entrando. -Entremos atrás de ellos- le dije. Lo hicimos. 

Una vez adentro de la casa el guardián alarmado nos miró asustado, sabía que esto significaba más que una reprimenda, pero nos valimos de su imprudencia. 
- Quienes son ustedes- dijo titubeando.
- Soy el Teniente Mariscal y queremos ver al señor Roldan- Dijo mi hermano Juan José.
-Pero no me ha dicho nada , ya... ya  le voy a preguntar- Respondió aterrado y sudando frío mientras subía las escaleras.
Abajo quedó uno, yo analizaba el lugar si las cosas salían mal debía saber que hacer. Probablemente ambos estaban armados y nuestra única arma sería los discos de hierro de una máquina de pesas arrinconada a una esquina. No había casi nada a parte de un mueble y ciertos adornos.
Mi madre empezó a temblar por que demoraban y hablando de mafias eso es peligroso. Ya sabían que un teniente posiblemente armado estaba esperándolo abajo. Mi hermana pidió que abran la enorme puerta con el pretexto de que mi madre estaba con desmayo y aspirando que se quede así para dejarnos huir si comenzaba, lo más temible, una balacera con nosotros ahí encerrados. Ellas salieron.

Me quedé ahi respirando profundo con una cara de seriedad única, esperando que ocurra lo que sea, lo que estara destinado. Nunca imaginé lo peligroso que era meterse a disputar cuentas con personas sin escrúpulos. Pero allí estaba yo con nervios de acero dispuesto a lidiar con las consecuencias de mis errores. 
Tenía miedo sí, no por mí sino por mi familia ya que afuera estaban los dos tipos que entraron, junto a nosotros, hablando por radio cerca de ellas. Hubiese estado más tranquilo si supiera que vendrían en camino tres de mis mejores amigos dispuestos a todo. Siempre mis amigos se han caracterizado por su valentía.

Mientras todo esto pasaba me preguntaba como una persona puede pasar de ser tan cobarde a enfrentar una situación tan peligrosa. Recordé cuando acepté trabajar con aquellas personas, cuando estaba ilusionado con conseguir una mejor vida lo antes posible, recordé la traición de aquella mujer que creí mi amiga y que fingió serlo durante cuatro años. Cuatro largos años cultivando en mi una apariencia de solidaridad y bondad. Solo para que llegue el día en que me involucre en sus asuntos y yo sin medir el riesgo o midiéndolo pero confiando en que nada saldría mal, lo permití. Recordé también el miedo que sentí al intuir que las cosas no iban bien sin tener el valor de gritarlo, de rechazarlo, de decir que no. Por temor a juzgar a    alguien primero y luego a ser asesinado. Este era el precio de mi cobardía, este era el precio de creer en los demás incondicionalmente, creer que todos aspiramos una oportunidad. 

- Voy a salir. Ya regreso -dijo- y me dejó en la oficia, yo estaba molesto por que ya había visto como ella perjudicaba a otra persona que supuestamente amaba y eso no correspondía a lo que cada día descubría más era solo una fachada. Para colmo de males tenía un vínculo afectivo con ella y mi curiosidad se dió por celos. 
En su ausencia, me metí a revisar sus conversaciones con su última relación y por cosas de la vida supuse que se sinceraría, al respecto, con el jefe su confidente aparente. Para mi sorpresa, encontré en aquel historial algo más de lo que buscaba, todas las operaciones que iban a realizar con nombres y apellidos, números de cédula, números de cuenta, todo. Operaciones y conversaciones donde ambos revelaban entre risas como éramos manipulados para sus fines y que como, pronto, seríamos descartados. Sentí desilusión y miedo, no sabía que sentir. Ella era una puta que se vendía por su manutención y que involucraba a sus amigos en las fechorías de su jefe. Grabé la información en mi pendrive e hice como si el tormento que había descubierto no hubiese existido nunca.
-Alguien vino dijo- coquetamente-. No, nadie- respondí- Es hora de irnos. Y ese día en el viaje todo me daba vueltas, el mundo, la vida, sentía ganas de llorar y rabia pero mi cara estaba congelada, ese día aprendí a fingir perfectamente aunque las sombras abrazaban mi alma. Ella no debía enterarse que yo sabía sus pasos por que "Ellos" podrían hacerme daño.

Volví a mi presente, cuando la ansiedad carcomía mis huesos y los de todos en esa casa. 
-Pasen- dijo el guardia asustadizo. 
-Buenas tardes- nos dijo y busco sentarse tras su escritorio.
Cuando le vi la cara sentí ganas de tirarmele encima y arrancarle los ojos, lo habría hecho. Nunca me había sentido así, tan decidido a exterminarlo a dispararle directo al cerebro, mi rostro era tan intimidante que no me veía a los ojos. 

Se dedico a excusarse inmediatamente y yo a gritar todo lo que debí haberle gritado desde un principio y propinarle los insultos que se merecía. Lo vi temblar mientras mi hermano con sus enormes manos golpeó la mesa.

-Esto no ha terminado- nos retiramos diciendo. Y se quedó con los ojos más abiertos que de costumbre.

Al final balas si hubieron de lado y lado, fue una balacera con heridos y reivindicados. Con asuntos inconclusos.

lunes, 20 de mayo de 2013

TE VAS ALFONSINA. TE VAS...

                                                                                     (Música de fondo: http://youtu.be/tk57ULcfrtU )


- Cumple tus sueños, disfruta el camino, no olvides tus raíces y sobretodo cuida tu hermoso corazón. Es lo único que nos llevamos, recuérdelo.

Adiós- concluyó con escasas pero profundas palabras una intensa historia por la que habría cambiado el color del cielo mismo. Por un sueño que solo pudo ver realizado en sus pensamientos. Nunca se rindió se entregó todo, se dio todo. Y ambas ganaron más de lo que perdieron. Ganaron conocerse a sí mismas... ayudarse a crecer.

Y se fue cantando:

" Y si llama él no le digas nunca que estoy dile que me he ido.... Te vas alfonsina con tu soledad..."


Cuando vas hacia la montaña de tus sueños no puedes evitar abandonar ciertos caminos por más que te sean conocidos y amados. Y ya era tiempo de aventurarse a otro sendero en soledad.Y ya era tiempo de vivir de realidades, de presentes.
Nunca sabemos el final de las grandes historias de amor, a veces ya se dijeron antes todas las palabras. Cuando dos almas se conocen profundamente no se necesitan aclaraciones, el silencio, el cariño y la intuición es tan agudo que todo se comprende.

"Y te vas hacia allá como en sueños dormida alfonsina vestida de mar... "

jueves, 2 de mayo de 2013

UN LUGAR LLAMADO OLVIDO

Recordó una cita de un libro, de esos últimos que había leído, que decía algo más o menos así:
"Es más sensato acudir a los lutos que a las fiestas, ya que en estos se reflexiona"

-Creo que es la Bliblia- pensó con una expresión de extrañeza.

En fin, donde fuere que lo haya leído, era lo único que permanecía en su mente mientras se dirigía a un lugar que había visitado una vez en estado de embriaguez. Un lugar que no reconocería con rostros que más bien, imaginaba. Su alma estaba acongojada de solidaria empatía. El hijo del difunto era uno de los suyos.

-Mi gente- pensó-. Y se le vinieron escenas flashes como  traslúcidos montajes en el paisaje urbano de su ventana. Sabía lo que era perder a alguien, sabía lo que "duele en serio", como dice ella.

Una gran cortina a su izquierda y un tumulto de gente acomodada en sillas invadiendo la calle le dieron a entender que había llegado a su parada. Cumpliendo el protocolo se acercó a dar el "Pésame". No sabía de dónde había salido esa palabra. Tal vez pretenda describir la valoración del estado anímico de ese ser destrozado y anémico de los ojos huecos. Tal vez sea un estúpido sarcasmo de algún gracioso que pretendía    ocultar su llanto.

-Bueno, como sea es necesario-pensó-. Aunque ninguno de los que están aquí lo siente en realidad. Solo vienen por un recuerdo.

Tomó unas roscas porque tenía hambre y eso significaba la ratificación de sus pensamientos, el dolor es anoréxico.

-Cuando pueda te compro un anillo de plata hermoso que encontré en una revista... ; -Hace días que mi rodilla y mi pierna se paralizo, ahora estoy en tratamiento... ; -Cógelo al bebe, para que no llore-. Eran las conversaciones ajenas que escuchaba superponerse mientras contemplaba como idiotizada el negro líquido de su ligero vaso descartable.

Miró el féretro con compasión y percibió el aroma de las flores.

-¿Porque las flores de un funeral huelen distinto?- se preguntó, respondiéndose casi de inmediato-. ¡Ya sé! por la pena.

La pena de los que no culminaron sus sueños, por que nunca hay un final para éstos. El sinsabor de esos espacios vacíos que con el tiempo tendrán que ser modificados. Como sucedió con la sexta silla de su comedor (la cual termino llena de libros).  La pena de los que se embarcan sin aviso, por que a la muerte nadie la espera, rumbo a un lugar llamado olvido. La pena de los que se quedan asistiendo a los funerales; para sentirse menos culpables de dejar borrar, de sus memorias, aquellos rostros que un día amaron.








La Bruja

  Dicen que nos enamoramos del ideal del amor de cada uno, pero a veces necesito platicar contigo aunque no recuerde ya tu nombre. A veces r...