viernes, 16 de octubre de 2015

La casa de lágrimas



Matilda nació para llorar, decían las vecinas que la conocieron. -¿Quien es esa Matilda? a poco crees que dejaré de vender esta casa de tabla de laurel por esos cuentos que la misma vieja Carmen debe haber inventado para llenarte la cabeza de chinches- dijo Fausto uno de los siete herederos de la casa reedificada ya diez veces. Pero para el cartel de cartón parado sobre la lata en la carretera, que se había cambiado reiteradas ocasiones cada que se podría con la humedad de un clima que existía en el recinto "Los Canelos", ya se había perdido la cuenta. 

Cada que intentaban vender aquella casa, nadie se ponía de acuerdo y algo sucedía en la basta familia Guerra herederos de la caza celeste, parte que quedo de las extensas tierras de Don Benjamín el endiablado, como le decían los vecinos de "Los Canelos".

Entre las conspiraciones que sucedían a los herederos de la casa donde vivió Matilda fueron: la muerte de quien sería su bisnieto quien no pudo con tantos piojos y niguas que por más que se metía hasta 10/80 en las llagas y erupciones terminaba por quemarse la carne del contorno menos los animales; Todas sus descendientes acababan solteras y algunas perdían sus hijos también por abortos esporádicos o enfermedades desconocidas ocupando, entonces, la casa como asilo de viejas. Tanto así que en la casa celeste cuando algún foráneo llegaba le brindaban colchas hasta para regalar, las que fueron elaboradas por ancianas de varias generaciones a base de retazos de ropa desgastada.

Una tarde luego del sepelio de otro descendiente quien murió de un ataque de corazón por rumores de que lo que le correspondía de la venta de la casa era el corral de las gallinas. Una anciana de 120 años que había mantenido su vida a base de cosechar su propio alimento y comer pechiches, decidió contarle la verdad a la familia Guerra. 

-Esta casa no se puede vender porque es una casa llena de lágrimas- dijo Doña Clara a una de las hermanas de los siete herederos. Comenzó, entonces, la vecina casi inmortal de ojos escurridos y cabello cenizo a contarle lo que había pasado hace tres generaciones y Francia Guerra, asombrada, y como para encontrarle sentido a las desgracias que pasaban seguido decidió por vez primera escuchar a la anciana que se le acercó mientras tendía la ropa en un cabo atado a dos árboles de mate.

-Allá por los Ríos nació Matilda era una niña muy soñadora, sensible y risueña, eso me contó la mismísima una vez, su papa era uno de esos tipos que solo busca a las mujeres para satisfacerse y se queda con la mujer que es de familia acaudalada y de buen apellido, era descendiente de los Españoles, tenia dos generaciones después de un Gobernador de la ciudad grande (Guayaquil). Se aprovechó de su belleza y enamoró a la madre de Matilda para luego abandonarla por una mujer de la alcurnia. La madre de Matilda lloró de pena tantas veces hasta morir por su abandono. Matilda quedó huérfana siendo una bebe de dos años. El padre de Matilda Don Segundo Franco se la llevó a la ciudad de Guayaquil, después, la dio al cuidado de su hermana Eugenia quien no había tenido hijos.

Matilda amó a Eugenia como si fuese su madre, porque fue quien vio desde que tuvo uso de razón.

En su infancia jugaba con sus primas a las muñecas y estudiaba en papeles reciclados, comía con tenedor y cuchillo. Vivía en una casa de tres balcones muy grande donde veía las palomas y donde aprendió a hablar, leer y a tomar el té a las seis. Para Matilda lo más importante era ver el atardecer de la metrópoli y esperar impaciente las carretas de los comerciantes para correr a avisarle a Doña Eugenia.

Una vez cumplidos los quince años Dona Eugenia tenía planeado desposarla con un tipo de treinta y cinco que según habían escuchado sus hermanas poseía grandes extensiones de tierra que ocupaban casi la mitad del recinto "Los Canelos", así que para asegurarle comodidades o tal vez porque Eugenia no quería compartir mas la herencia de su hermano, que acababa de caer de la peste, o quizá porque se cansó de ella y de cuidarla, la entregó de mujer al hacendado Benjamín Guerra.

Matilda sufrió cada uno de los días que vivió con Don Benjamín quien la esclavizó como una vaca más que usaba para satisfacer sus necesidades carnales y a quien le hizo 15 hijos . Matilda suplicaba que la regresen a la casa de Guayaquil, le pidió a Benjamín de rodillas muchas veces que la deje libre. Esto aumentaba la ira de Benjamín Guerra a tal punto de marcarla con el hierro caliente con una "G" como a su ganado. La vida de Matilda fue un diario infierno, extrañaba a quien amaba como su madre aún cuando ella misma la hubiese entregado a tal sujeto. Extrañaba también la luz, las palomas, las carretas, la comida y a sus primos.

Así dicen que lloró los 18.250 días que le quedaron de vida para morir a los 65 años con dos surcos que comenzaban desde los lacrimales. Mi mamá me mandaba a regalarle pañuelos que ella hacía cuando yo era una niña. Matilda nació para llorar Doñita, así que mejor dejen esta casa, dónenla o quémenla y váyanse de aquí - culminó de decirle a la mujer.


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