jueves, 2 de mayo de 2013

UN LUGAR LLAMADO OLVIDO

Recordó una cita de un libro, de esos últimos que había leído, que decía algo más o menos así:
"Es más sensato acudir a los lutos que a las fiestas, ya que en estos se reflexiona"

-Creo que es la Bliblia- pensó con una expresión de extrañeza.

En fin, donde fuere que lo haya leído, era lo único que permanecía en su mente mientras se dirigía a un lugar que había visitado una vez en estado de embriaguez. Un lugar que no reconocería con rostros que más bien, imaginaba. Su alma estaba acongojada de solidaria empatía. El hijo del difunto era uno de los suyos.

-Mi gente- pensó-. Y se le vinieron escenas flashes como  traslúcidos montajes en el paisaje urbano de su ventana. Sabía lo que era perder a alguien, sabía lo que "duele en serio", como dice ella.

Una gran cortina a su izquierda y un tumulto de gente acomodada en sillas invadiendo la calle le dieron a entender que había llegado a su parada. Cumpliendo el protocolo se acercó a dar el "Pésame". No sabía de dónde había salido esa palabra. Tal vez pretenda describir la valoración del estado anímico de ese ser destrozado y anémico de los ojos huecos. Tal vez sea un estúpido sarcasmo de algún gracioso que pretendía    ocultar su llanto.

-Bueno, como sea es necesario-pensó-. Aunque ninguno de los que están aquí lo siente en realidad. Solo vienen por un recuerdo.

Tomó unas roscas porque tenía hambre y eso significaba la ratificación de sus pensamientos, el dolor es anoréxico.

-Cuando pueda te compro un anillo de plata hermoso que encontré en una revista... ; -Hace días que mi rodilla y mi pierna se paralizo, ahora estoy en tratamiento... ; -Cógelo al bebe, para que no llore-. Eran las conversaciones ajenas que escuchaba superponerse mientras contemplaba como idiotizada el negro líquido de su ligero vaso descartable.

Miró el féretro con compasión y percibió el aroma de las flores.

-¿Porque las flores de un funeral huelen distinto?- se preguntó, respondiéndose casi de inmediato-. ¡Ya sé! por la pena.

La pena de los que no culminaron sus sueños, por que nunca hay un final para éstos. El sinsabor de esos espacios vacíos que con el tiempo tendrán que ser modificados. Como sucedió con la sexta silla de su comedor (la cual termino llena de libros).  La pena de los que se embarcan sin aviso, por que a la muerte nadie la espera, rumbo a un lugar llamado olvido. La pena de los que se quedan asistiendo a los funerales; para sentirse menos culpables de dejar borrar, de sus memorias, aquellos rostros que un día amaron.








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