Y le seguía la marcha porque era hermosa. Fijábase en sus caderas, en su andar, en las flores que medio se veían como cayendo de su falda y sus tacos medios, cuya pisada presumía imponente rapidez sin perder el ritmo. Y encontró que se desapareció en una edificación espantosa. Desde la diagonal perdió el rastro de aquella mujer para darse cuenta de la inmensa pared que parecía venírsele encima ya de la vejez. Era un condominio color crema, aunque quedaba poco de aquello por el plomo de la mugre, el polvo y el smock de los carros que pasaban todo el día como caravanas de fiestas patrias. El tamaño era tan grande que aun en carro tardarías mucho tiempo y paciencia acabar con su extensión. En aquel bloque habitaba el cuarto de la población de aquella zona. Habían tantas ventanas como los agujeros de un panal de abejas. Colmena, era exactamente lo que parecía.
Abandonó por completo las caderas de aquella mujer y distinguió que todas las ventanas estaban abiertas. Bueno, a excepción de aquellas que tenían palos y tablas como si en aquel diminuto departamento nadie viviese, o al menos nadie que necesite aire para respirar y luz para tener sentido del calendario. Habían también ventanas que dejaban al observador reconocer que eran cuevas de ladrones y cavernas de salvajes. Saltando percepciones se encontró con ventanales no muy conservados pero al menos llenos de vida y tantas plantas como un micro jardín. Todo esto estaba tan lleno de misterio para Damián que no se imaginaba como podrían convivir los floristas conservadores, los capos y los muertos en un mismo lugar y multiplicado por mil; en una visión que al principio era horrenda y poco a poco tomó una armonía extraña, que tal vez se refería más a la adaptación de la mirada y a la curiosidad.
La mujer volvió a salir. Esta vez iba vestida de abrigo, tacos altos y un vestido pequeñito junto a un hombre de semblante enojado, cejas gruesas y frente pequeña. Damián retrocedió y notó que se dirigían discutiendo a un auto muy descuidado en la esquina opuesta. Arriba en la parte media una mujer salió a la ventana y miró a la pareja, rápidamente bajó un poco la cortina desapareciendo entre sombras y maceteros. La pareja luego de la discusión se dispuso a ir al tercer intento de encender aquel auto. Damián volvió arriba su mirada y la cortina entre abierta de aquella mujer rápidamente se cerró. Mientras se escuchó el sonido del auto marcharse.
