Cuando te fuiste arrancaste el jardín que mi corazón te ofrecía.
Era puro, era grande, era bello.
Cuando te fuiste sonriendo goteaba veneno sobre las raíces de mi corazón.
Y una mañana de Abril capullos de compasión salieron de mis ojos, pétalos de perdón encontraron su hogar en mis pulmones. Y de mi boca salieron flores amarillas junto a una canción sin dirección de entrega.
En mi suelo infértil, comencé a sembrar flores que hoy me habitan por dentro.
Y si un día vuelves a ver mis flores, no olvidaré las cuatro estaciones de sequía y lluvias mares que dejaste en mis adentros.
Y si las ves hermosas y quieres robarlas para huir con el viento, como acostumbras,
tendrás que seguir tu camino y buscar otro jardín que te abra la puerta; porque mi jardín ya es secreto y estas flores ya no son tuyas.
