Veo un mensaje tuyo. Estas lejos, lo sé.
Una tonada me recuerda una vieja canción de esas que canté por los antiguos amores. Hoy me recuerda a ti.
Deseas olvidarme, a veces, yo no se si también lo deseo.
La distancia es como la puerta a una dimensión desconocida y nos transforma en nuestros propios fantasmas.
El letargo más alienante y doloroso: El tiempo.
¿Como podré despellejar mis sueños de ti?
Un momento.
Quiero palpitar por mí, olvidemos nuestros acuerdos.
Dejemos que se escape la deidad, la lógica que se vuelve tóxica.
¿Quieres asesinarme?
¿Te atreves?
Pues, ni vivir, ni morir; no parece una grandiosa elección.
Y si en mis versos y sueños lo único que hago es aferrarte y arruinarme.
Merezco el castigo por ser la culpable de mis lacerantes momentos de desgano.
Y dentro de tanto amor surge el odio. De no tenernos; de la duda; del miedo.
Callémonos...
Mañana abra otro sueño, de eso vive nuestro fuego.
De la fe de un incierto.
Mañana volveremos a correr entre huracanes sin lastimarnos.
Mañana entenderemos como siempre lo hacemos.
Pero hoy perdida estoy en ti y tu malévola presencia.
Hoy solo te convertí en verdugo.
Tranquila.
Solo quería llorar, un poco.
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