Estoy plana e inmóvil.
Ligeramente me doy cuenta de mis extremidades mientras me dejo vencer entre sábanas, un respiro profundo de una masa invisible se apodere de mi ser hondamente y se detiene... contengo la respiración hasta antes que me empiece a desesperar sintiéndome la nada o el tiempo muerto.
Sigo ahi en el mismo sitio haciendo nada y tomando conciencia de lo estúpido que es algunas veces tener un cuerpo hostigante que guía muchos de tus actos, malgastando tu tiempo. Necesidades, necesidades y más putas necesidades.
Con mis ojos cerrados, luego de algunas respiraciones mas lentas, comienzo a sentir mi cuerpo hormiguear e hincharse. Se pone enorme y pesado; molestoso e irritante, hasta que... desvanece.
El estorbo que ya no está, me permite concentrarme en mi existencia y empiezo a ser pura energía reunida. Cada vez se siente más ligero, cada vez eres más libre.
Hasta que empiezas a flotar por los aires.
Lo único que te envuelve son colores, matices y gamas perfectas y las propias constelaciones. Lo único preocupante es tener un hilo de conexión casi involuntario con tu cuerpo que intuyes esta ya muy abajo de tu órbita, solo para mantener la respiración que es ya como un eco de tu vida pasada.
Tus partículas energéticas comienzan a expandirse en diferentes lados y niveles haciendo trazos de rayos de luz intensas o tenues. Cada parte de tu ser se dirige a los distintos rincones del universo, y eres conciente de cada viaje pudiendo ver como diez realidades al mismo tiempo. En algunos el viaje es frío, en otros caliente; en algunos es un túnel volcánico que no te toca y en otras solo caes flotando en la hierba verde.
De pronto... todo cambia.
Silencio...
Y ahora eres una conciencia mayor observadora, ahora sientes las realidades de todo el universo. Y recuerdas que éste es tu verdadero lugar, tu forma original.
Poco a poco tu imagen se va direccionando al planeta en el que recuerdas aparentemente pertenecias o habías sido insertado. La imagen se acerca a mil por segundo como si fueses la agudeza conciente de una vista de águila. Y de pronto...
Te ves...
Ves ese delicado cuerpo que no se compara a las montañas, ni a los asteroides, ves una contextura que no sirve de mucho, que se tropieza, que aún duda de su divinidad, que tiene miedo de aceptarse. ¿Que haces ahí? Sabes que eres mas que ese cuerpo el cual se reduce a un simple disfraz ...
Solo contemplas.
Ya es hora de volver.
Despiertas en la misma posición en la que estabas y recobras los brazos las piernas, la piel. Te friegas los ojos y notas una pequeña lágrima que delata el desgarro de tu alma de vuelta a la mortalidad.

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