Era una tarde como todas las tardes pero como ninguna. El viento que corría por la ventana era fresco y no coincidía con los cuestionamientos de Luisana que se revolvía en la cama intentando descifrar el error que cometió ante Aurelio. No la querría volver a ver, pues, había hablado todo el rato que pasaron juntos. Las palabras eran de pronto muy agudas y no sonaban sino que rechinaban como dos láminas de metal. Su pose ¡hay su pose! encorvada como puente de aldea del Zagori griego. Sus ojos ocultos tras ese par de gafas terribles que le acababan de colocar aunque pidió de rodillas que le separaran la consulta del optómetra después del día tan esperado. Los diez minutos mas planeados echados a la basura. Se imaginaba envuelta en papel despacho dirigiéndose al tacho.
Le llega un mensaje:
Hola Lui pensé que ibas de nuevo a quedar con el grupo como hoy. Este es mi número ¡guárdalo!. Ah cierto... soy Aure :D
Se encontró de frente al tacho de basura y corrió a tirarse a la cama con una sonrisa otra vez.

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