lunes, 1 de julio de 2013

El mundo se hizo plano.

Retiró sus zapatos de cuero debajo de la cama y se sentó en esta mientras pensaba en las imágenes que poco a poco se insertaban en su cabeza, sentía verguenza de estar en un lugar desconocido junto a una mujer que, como estaba volteada hacia la pared, no recordaba ni el rostro. Tratando de entender por que había llegado a aquel lugar, recordó la carta que ella, su novia, le había mandado a dejar antes de embarcarse nuevamente en un buque y esta vez hacia tierras lejanas en la parte más inferior del mundo, con un sujeto que definía simplemente como: Él. El sentimiento de decepción fue mayor que el de abandono y cada tejido de su cuerpo ahora estaba lleno de soledad.

-No le importa nada y ya no sé que me importa a mi- pensó. ¿Es que no puedo ser feliz? ¿Es que no entiende lo que siento? 

Y comenzó a cuestionar si de pronto no fue un error su incesante afecto por ella. Y se cuestionó su amor por insolente y poco viable. Cada minuto su depresión aumentaba; cada idea, iba cavando un pilar en el solar de su mente pretendiendo permanecer allí por siempre.

Como desesperado salió de aquel lugar buscado algo que le diera un poco de consuelo, buscando la respuesta a sus reclamos, a sus promesas, a sus "para siempres".

La imagen en su cabeza era tan fija, sus sueños habían invadido hasta su cordura y no cargaba ni siquiera hojas para descargar en garabatos sus sentimientos. Las basuras de una protesta invadía las calles, los trabajadores corrían tomando buses populares, todos pendientes del reloj de sus vidas. Aquel día él supo que su vida eran sus sueños y sus sueños eran con ella y ,ella , ya no estaría más. Sintiendo cada segundo que sus pensamientos le acribillaban su derrota y mientras no sabía si sus ojos se empapaban de amor, de cobardía, de frustración o de la consecuencias de errores pasados que ya no pudo remediar, deambulaba.

Marcando cuatro segundos o cinco por paso el cielo comenzó a tornarse crepuscular y las grietas de los edificios se fueron asentando, las risas desaparecían entre gritos y peleas callejeras. Así fue como deseó caminar al rededor del mundo y el mundo se hizo plano.

Su mundo podía verse en el horizonte de la calle. A partir de ese momento creyó en el plano mundo con tanta firmeza, que supo él mismo, que pronto encontraría su fin. Los periódicos rasgados a su paso graficaban a través de violentas imágenes los encierros de los líderes juveniles de su ciudad donde pese a existir enormes vademécum  de procesos legales ,al final , todo era plano, igual que su mundo sin ella. Lo peor que le puede pasar a un hombre le pasaba, se quedó solo y sin entusiasmo. Sus ropas ya no tenían perfumes, su aroma se trasformó en hedor, sus uñas crecían al mismo tiempo que sus suspiros. Sus ojos se pusieron negros e insomnes, dilatándose sus pupilas como las de gatos nocturnos y le cogió el hielo en los huesos.

Podía desistir de su infierno, pero, en el lenguaje de sus preceptos, eso era rendirse; podía decir que Ella no valía la pena, pero, eso sería la mayor mentira de su vida; podía descartar mundos y ubicarse en un mundo imaginario, junto a ella, donde sea  su imaginación la que lo acompañe, pero, eso ya no le daba resultado; Podía ayudar a cambiar el mundo de muchos otros hombres y mujeres, muchos jóvenes y niños, para que puedan amarse, pero, ¿Y su corazón? ¿ Y sus sueños? ¿ Y su perfeccionismo y reflexión que lo condenaba a reconocer lo que realmente amaba? 

Un viento helado le anunció su llegada hacia el final de los finales y vio un túnel delante de sí que lo llevaría a simplemente desaparecer. Por un momento pensó en que habrían más sonrisas por vivir, pero era idealista, su padre también lo fue, y sus desordenadas ideas lo enviaron a un mundo paralelo de donde nunca salió más, un lugar llamado olvido sin, si quiera, estar muerto.

Lo único que pensó fue que ya no habría más que hacer, no podría cambiar su realidad salvo: perdiendo la dignidad, vendiendo su amor, trivializando sus sentimientos. Al fin de cuentas no habrían otros amaneceres con la misma pasión, salvo enamorándose de algo o alguien más.

Y cogió la fuerza de la vida que le quedaba y se lanzó al vacío, y era ella la que veía y eran sus labios los que rozaba delirante; y se entregó todo y cumplió su promesa de amarla hasta el fin de sus tiempos.

Y así fue como la pena, sin pena, se lo tragó.






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