viernes, 15 de mayo de 2015

Una historia de café

El mismo café que me agita el alma. El café de tus ojos.
Granos cafeínicos que despiertan sensaciones adictivas
No puedo abandonar el vicio del vacío que llenas cuando estás.
No sé, ni quiero dejar la cafeína. 

Es mía en mi torrente
En aquellas mesas de la 9,
De alborada y de todas partes.

No pretendo abandonar la esencia de mi ser.
El olor de tus cabellos en una taza, a veces de cerámica o de plástico. 
Esa mirada juguetona y azúcar amargo de aclaraciones, cortejos y arrebatos.
Esa oscuridad que hipnotiza, junto al calor de beberte que si es pronto, quema la lengua.

Aquellas calles que se recorrieron en las mañanas; bajo los rayos de sol; 
entre las gotas de lluvia; bajo el espejo de lunas.
Ese prestarte el abrigo y reencontrarte en otras vidas.
Con una sola excusa que jamás obviare. 
Por decidirme a vivir lo más sencillo y único.
Eso que sólo pasa con vos.
Por inevitables ganas de café.



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