Era niña, era mujer, era hombre,
era ser, tenía sueños. Aprendió a desconfiar.
Era dulce, era tierna jamás dudaba.
Era ilusa, era tonta, era un alma turbulenta
que caía en remanso y se cobijaba en brazos.
Era fuerte solo en sueños, no en vida.
Se levantó contra sus enemigos.
Se vistió de pantalón.
Escupió sus miserias.
Se enamoró.
Se enamoró de nuevo.
Se sintió sola.
Demandante histérica,
creadora obsesiva,
con figura masculina,
con fuerza de águila.
Le pone frenos a su vuelo,
de ratos se deja vencer,
caer en el abismo del llanto.
De ratos es vulnerable.
Y deja de crear para dejar que
sea la vida quien la sorprenda.
De ratos se sorprende, otros llora.
Como cuando la desarraigaron,
como cuando la secuestraron,
como cuando la asesinaron,
como cuando la despreciaron,
como cuando la traicionaron,
como cuando la escupieron,
como cuando le jugaron sucio,
como cuando gritó sin voz.
Como cuando se obligó seguir caminando
con los pies rotos.
Esos pies que solo esperan
que cada martirio que no la detuvo
valga la pena haber vivido.
Cuando llegue a casa, cuando llegue a su hogar,
su techo, el corazón que no le deje
seguir sin rumbo, en dirección al sol
aunque viaje sin zapatos.
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sábado, 29 de agosto de 2015
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