martes, 8 de septiembre de 2015

Conquistando el arrebol

No pude ocultar el frenesí
sus ojos me invitaron a vivir otros mundos de su mano.
Su piel erizada me hablaba el lenguaje de su cuerpo.
No recuerdo cuantas veces nos dijimos te amo.

Su dulzura enigmática me envolvía en el ritmo del suspiro.
El aliento compartido era un pasadizo a un edén en llamas.

Pronto me desconocí a mi mismo, en su vestido.
Atravesando sus deseos de vivir y mis sed de su ser.

Caminamos muchas noches en un par,
nos besamos michas vidas, no solo con los labios,
sino con cada partícula, con cada gesto, con cada palabra.

Me perdí en su mirada mientras bebíamos una copa de vino.
Me devolvió una caricia y hasta tiro de mi cabello.
Y seguimos un caminito en la arena buscando el atardecer.
Ese que yacía escondido y que tuvimos la certeza de perseguir.
Aquel atardecer de arrebol pinto rojizo el cielo, como el fuego y como el vino.
En una entrega que florece del alma como las estrellas nacen en el cielo.
Una de esas historias que por no tener fin se convierte en relatos breves.
Como el café de sus ojos, como contemplar a una sirena
, como desayunar sus besos.



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