martes, 8 de septiembre de 2015

La endemoniada

Jamás fingía atención, ni dolor, ni llanto, ni risa.
Recuperó a medio pueblo que andaba quebrado.
Siempre aparecía en caballo con ojos fijos de azabache.
La vieja parturienta la había sacado de la entrepierna
de su madre ya casi media muerta.
Pasaba con todos, pero sola, porque era como un ser
de esos extraterrestres que nadie comprende.
Todo estaba bien, todo era perfecto. Nadie le hacía
daño. Porque la creían bruja. Pues, solo una bruja
cabalgaría por las montañas sola, sin marido y sin
enojarse con las mujeres que se retorcían de la envidia
cuando miraban su perfecta figura y sus ánimos.
Algunos la veían cazando ardillas y otras veces abrazaba
árboles.
Debía tener un plan macabro o ser el mismo diablo.
Ese que viste de blanco y con un solo silbido atrae a
su corcel.
Pero ella era ingenua de esas imágenes horrendas
que los demás evocaban de inventos imaginarios.
Así larga vida tuvo.
Y esa que está allá era su casa, la última de las cinco
que tuvo. Dicen por ahí que debe haber enterrado víctimas
bajo cada una en sus hechicerías.
Yo también hubiese enterrado ardillas al menos por conseguir
aquellos paisajes que se veían desde cada ventana.
El diablo se complace mucho, dicen...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La Bruja

  Dicen que nos enamoramos del ideal del amor de cada uno, pero a veces necesito platicar contigo aunque no recuerde ya tu nombre. A veces r...