martes, 22 de marzo de 2016

Perdido en la tierra

Para cuando no existían límites ni fronteras específicas y nadie conocía los nombres de más de cincuenta personas. Hubo un pirata que huía de Europa llevándose la embarcación de quién era su aliado, Roble le decían, Roble se escapaba de cada lío que iba formando. Dicen que llegó muy lejos pues los cañones del sur aún están listos esperándolo llenos de pólvora ya sólida. Pero ¡claro! el no volvería. No encontró como volver por su último botín, unos cuantos esclavos que dejó en el muelle de La Perla.
No amó a nadie más en el mundo que a la foto indistinguible de la cadena de oro que guardaba en su recámara. Y a Kalpa un hermoso Loro Papagayo aborigen azul entero con una corona de plumas plata. La turbulencia entonces se hizo notar y llevó al navío a zonas lejanas. Pasaron quinientas sesenta noches y no se divisaba nada aún.
- Solo tu me quedas, solo tu. Pájaro ingrato ¡Ni me conoces!
-Te conozco- dijo el ave
-¿Hablas?, moriré ¿no es cierto? es esto lo que ocurre cuando uno se pierde en su barco, con todo el oro de la ciudad de esos criollos buenos para nada. Son maldiciones que me echaron en nombre de su Dios oriental que llenan de taparrabos. Pero las olvidará  cuando me lo quite de encima y le compre un candelabro para donarlo a un templo nórdico. No creo que sea aliado de los que no pueden ayudarle en nada. ¡Yo tengo el oro! recuérdalo Kapla- le dijo al ave.
Así un acostumbrandose a lo que decía su estado de locura se quedó con Kalpa alimentándole con pan y semillas de uva secas. Mientras el ya estaba acostumbrado a vivir de comer tiburones pequeños que caían en sus redes cada semana.
-Una tormenta- dijo Roble y se metió a dormir, sin saber que de esa noche no volvería a ver el cielo.
Un sacudón los estremeció y sintieron navegar en espiral con la ligereza de un objeto al vacío. Aferrados estaban uno al otro Kapla casi desplumado estaba entre sus brazos contra el techo de la nave.
-Despierta-
-Despierta-
-Roble, Roble, Roble, te ahogarás si no despiertas- dijo Kapla
Y Roble despertó levantando la cabeza y sacudiendo sus barbas rojas- que.. ¿que pasó? - dijo contrareado- donde... ¿donde estamos?.
-No lo sé Roble pero en cuanto me recupere las alas revisaré- concluyó.
Tres días pasaron durmiendo y el cuarto ya los levantó el hambre. El lugar era cavernoso, un claro los alumbraba y era donde más pasaban. Se escuchaba todo lo que decían con grandes ecos y cuando dormían los levantaban los sonidos de los Térreos como le nombraron a unos gemidos que escuchaban cada cierto tiempo, como un lenguaje cantado.
Roble armó su cama entre monedas de oro y las contaba cada día, tuvo tiempo de pulirlas todas y empezar de nuevo. Lo único que lo sacaba de su estado era Kapla que comenzaba a contar historias de indios, guerras con lanzas y los muchos lugares que había conocido.
Pero cuando Kapla encontró una salida entre unas rocas que ascendían en grietas hasta la luz, que no era más que un gran camino de subida, Roble tuvo miedo. Ya había comido musgo y hongos. Ya sus huesos se acostumbraron a la oscuridad y estaban frágiles, pero eso no era lo que le retenía. Era cada una de sus monedas. Y dejó ir a Kapla el bello ave azul que amaba, y le dijo - vete pajarraco azul, que yo a pertenezco a la sombra. Yo nací para esto, yo... ¡vete ya!.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

La Bruja

  Dicen que nos enamoramos del ideal del amor de cada uno, pero a veces necesito platicar contigo aunque no recuerde ya tu nombre. A veces r...